espainfo.es
estamos en

martes, 5 de junio de 2007

¿Qué significa ser justificado ante Dios según la Biblia?


Versión 01-06-07

Carlos Aracil Orts

1. Introducción.

Muchas personas pueden preguntarse, en primer lugar, qué significa ser justificado ante Dios, y en segundo lugar, por qué es importante, necesario e imprescindible que tal evento ocurra o se realice en algún momento de sus vidas.

¿Tiene esto algo que ver para obtener éxito y triunfar en este mundo? ¿se logra la felicidad tan ansiada por todos? ¿es quizá un buen método para obtener buenas relaciones de amistad con los demás? O ¿sirve sólo para obtener la paz mental? ¿tiene que ver con la salvación, es decir, con adquirir el derecho para ir al cielo en lugar de ir al infierno?

En los siguientes puntos trataremos de aclarar todas estas cuestiones, y veremos lo importante que es para la vida de un creyente el considerarse aceptado y justificado por Dios, y cómo ello redunda en una mejor relación con Dios, y por tanto, en una mayor paz y seguridad en la salvación. También observaremos que como consecuencia de sentirse justificado por Dios aumenta nuestra confianza y amistad con Él, disminuye nuestro temor al futuro y crece nuestra capacidad de amar a Dios y a nuestro prójimo.

2. La justificación: el corazón del evangelio de la gracia.

La justificación por la fe constituye el auténtico, verdadero y único evangelio de la gracia, que tantos han tratado de adulterar, y por el que los Reformadores y otros muchos han dado su vida o la entregarían sin dudarlo.

Juan 3:16:

“Porque de manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Nuestra justificación ante Dios no es posible sino es por medio de la vida y muerte de Jesús. Él ofreció su vida por nosotros y alcanzó la victoria sobre el pecado y la muerte, por eso sin Él no existiría justificación ni salvación. Ser justificado significa apropiarse de los méritos y vida de Cristo, su justicia en lugar de la nuestra, e implica la salvación. Justificación es sinónima de salvación. Todo justificado es salvo para siempre, y tiene la vida eterna. El fundamento de nuestra justificación no es nuestra fe sino Jesús y su sacrificio expiatorio. La fe es el medio para acceder a la gracia de Dios y para aceptar a Jesús y su obra por nosotros, y esta gracia es permanente (Rom. 5:2: “Por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.”; Rom. 14:4, up.; Fil. 1:6).

Romanos 5:1*:

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesús.”

Primero de todo es necesario saber a qué nos referimos cuando usamos las palabras, en sentido bíblico, de justificación, justificado y justo, que indudablemente tienen que ver con justicia, pecado y ley. Son todas ellas términos morales íntimamente relacionados.

La primera epístola de Juan capítulo 3, versículo 4 dice así: “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley.” Por tanto, queda claro la definición de pecado según la Biblia.

Ahora quizá podríamos preguntarnos a qué ley se está refiriendo el apóstol Juan. Sin duda que no puede referirse a otra que la ley moral que Dios ha puesto en nuestras conciencias, y que aunque, a veces, allí se olvide o se pase por alto, también nos ha sido revelada a través de la Biblia, en el Antiguo y, especialmente, en el Nuevo Testamento donde se nos muestra ampliamente como una ley de amor: Amar a Dios con todo nuestro ser y al prójimo como a uno mismo (Mateo 22:37-39; Marcos 12:30, 31, Mateo 5:21-48).

Esta ley nos muestra nuestra imperfecta condición humana, al hacernos conscientes de nuestras limitaciones y defectos que nos impiden guardarla o cumplirla en su totalidad (Rom. 3:20, 7:7). Por tanto, debemos reconocer, ante todo, que no somos capaces de cumplir los requerimientos de esa ley. Además, tratar de cumplirla en todo para alcanzar la salvación es inútil, y nos conduce al legalismo, es decir una condición en la cual el verdadero amor se desvanece, y se va sustituyendo por un afán de lograr la justicia que exige la ley por medio de nuestras defectuosas obras y débiles esfuerzos humanos.

Romanos 3: 19, 20

“19 Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; 20 ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.”

Por si aun no nos hemos dado cuenta, la Biblia declara cuál es nuestra condición ante Dios:

Romanos 2: 10-18

Como está escrito:

No hay justo, ni aun uno;

11 No hay quien entienda.

No hay quien busque a Dios.

12 Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles;

No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.

13 Sepulcro abierto es su garganta;

Con su lengua engañan.

Veneno de áspides hay debajo de sus labios;

14 Su boca está llena de maldición y de amargura.

15 Sus pies se apresuran para derramar sangre;

16 Quebranto y desventura hay en sus caminos;

17 Y no conocieron camino de paz.

18 No hay temor de Dios delante de sus ojos.

La ley requiere su cumplimiento. Si no la cumplimos somos injustos y pecadores. Entonces, ¿requiere Dios a todos los seres humanos la justicia que dimana de su ley? Por supuesto que sí. (ver más adelante Romanos 8:4)

Ahora descubrimos, que no somos justos, que no podemos alcanzar la justicia que requiere la ley, que nada bueno que hagamos podrá justificarnos ante Dios:

Romanos 3: 20

20 ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.”

Llegamos a un punto que parece que estamos en un callejón sin salida: somos pecadores, no podemos cumplir la ley, y por tanto merecemos la muerte: “porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús” (Romanos 6:23). Ahora nos damos cuenta de que estamos perdidos, y podemos empezar a comprender lo que dijo Pablo en los siguientes pasajes:

Romanos 7:23-25:

“21 Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. 22 Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; 23 pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. 24 ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? 25 Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.”

En este momento, cuando reconocemos nuestra incapacidad, y que nuestras mejores obras son inmundicia para Dios, Él nos manifiesta su magnifico plan de la salvación. En sustitución de la justicia humana que no podemos obtener, y de la muerte que merecemos, nos ofrece su justicia, la vida y muerte de Cristo por la nuestra. Él mismo, crucificado en Jesucristo se transforma en nuestra justicia, la justicia de Dios.

En esto consiste el plan de salvación, en que Dios nos ofrece su justicia, la que Cristo adquirió siendo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por tanto, era necesario, que nuestro sustituto nos pudiera representar en todo (Heb. 1:17,18). Debía ser semejante a nosotros pero sin pecado (en semejanza de carne de pecado, Romanos 8:3,4), y triunfar donde nosotros fracasamos, obtener la victoria sobre el pecado, y satisfacer completamente las demandas de la ley para poder convertirse en nuestra justicia. Veamos como lo explica maravillosamente el gran apóstol Pablo:

Romanos 8: 3, 4

“3 Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne;”

“4 para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.”

Cuando creemos en Jesucristo como nuestro salvador personal, estamos reconociendo nuestro pecado y la debilidad de la carne para cumplir la ley, y decidimos apropiarnos de la justicia de la ley que consiguió Cristo para nosotros. De ahí en adelante, nuestra victoria sobre el pecado depende de que permitamos al Espíritu que gobierne nuestra vida, es decir “...que no andamos conforme a [los dictados de] la carne, sino conforme al Espíritu.”

Romanos 8: 5-17

“ 5 Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. 6 Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. 7 Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; 8 y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.

9 Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. 10 Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. 11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

12 Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; 13 porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. 14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. 15 Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! 16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. 17 Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.”

3. Cómo se adquiere la justicia de Dios

El medio requerido por Dios para imputarnos su justicia es la fe. Simplemente debemos reconocer nuestra impotencia para alcanzar la justicia que demanda su ley y nuestra pecaminosidad, y creer en Jesús, como el Hijo de Dios, el Mesías, nuestra justicia, y confiar plenamente que Dios nos dará la victoria, sobre el pecado y la muerte, por el Espíritu Santo. Atendamos ahora a las palabras magistrales que Pablo expresa a continuación en:

Romanos 3:21-28

“21 Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios

24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados,

26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

27 ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.

28 Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.

Ahora empezamos a entender a Pablo. En el párrafo anterior hemos hablado y tratado de aclarar lo que es la justicia de Dios satisfecha en Jesucristo. Aquí Pablo nos explica que dicha justicia se alcanza por medio de la fe. Dios, en Cristo, es el justo y el que justifica al que es de la fe de Jesús (verso 26). Podemos preguntarnos ¿a qué precio obtenemos la justicia o somos justificados? ¿es necesario que hagamos multitud de obras, sacrificios, peregrinaciones etc. para ser justificados por Dios? La respuesta no puede ser más explícita y clara (versos 24 y 28):

24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,...28 Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.

4. Cuándo y cómo somos justificados por Dios.

Como ya hemos dicho, somos justificados, cuando reconocemos nuestra condición imperfecta, el pecado que habita en nosotros y la incapacidad de vencerlo por nosotros mismos, y entonces aceptamos a Cristo y su sacrificio como nuestra justicia. Dejamos de confiar en nuestros propios méritos y nos acogemos a él como artífice de nuestra salvación de todos nuestros pecados pasados, presentes y futuros. En ese momento, la justicia de Dios en Cristo o la justicia que Cristo ganó para nosotros se nos imputa, lo que quiere decir que se nos pone o acredita en nuestra cuenta, y ya somos considerados justos ante de Dios.

Así es, pues, cómo se realiza nuestra justificación, es decir, como una imputación de la justicia de Cristo, se nos considera justos, aunque no lo seamos, porque otro (Cristo) ha pagado nuestra deuda.

Dios, en el Antiguo Testamento, reveló a Abraham las buenas nuevas de la justificación o salvación por fe, prometiéndole, que en él serían benditas todas las naciones. Veamos como nos cuenta Pablo en que consistió el pacto de Dios con Abraham:

Gálatas 3: 6-14:

“6 Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. 7 Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham. 8 Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones. 9 De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham.

10 Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. 11 Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; 12 y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas. 13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), 14 para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.”

Pablo, en varios pasajes de Romanos 4, poniendo como ejemplo a Abraham, hace énfasis en que la justificación de Abraham ante Dios, o sea el que Dios le considerase justificado o justo ante Él, no dependía de las obras en absoluto sino de la fe. “Su fe le fue contada por justicia” (Rom. 4: 3, 22), es decir atribuida, imputada, acreditada en su cuenta.

Romanos 4:1-5

1 ¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne? 2 Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. 3 Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia.

4 Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; 5 mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.

Así pues, la fe es sólo el medio por el cual se nos pone en nuestra cuenta la justicia de Cristo. Aquí es necesario aclarar, que la justificación no nos hace justos realmente. Mientras vivamos en este cuerpo mortal, sufriremos la debilidad de la carne, y las asechanzas del pecado. Sin embargo, empieza una nueva vida en Cristo por el Espíritu que nos capacita para vencer toda tentación. Esa nueva criatura ha renacido en Cristo y debe crecer diariamente en santidad, muriendo al yo que representa nuestro egoísmo, orgullo, vanidad y defectos de todo orden, gozando de paz y seguridad, porque sabemos que la victoria sobre el pecado y nuestra salvación están aseguradas pues no dependen de nosotros, débiles seres humanos, sino de Cristo resucitado que ha vencido a la muerte y al pecado. La base de nuestra salvación no es nuestra débil fe sino Cristo, nuestro redentor y salvador.

5. La lógica de la imputación de la justicia de Cristo. Paralelismo entre Adán y Cristo.

Romanos 5:12, 14, 18, 19

“12 Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. 14 No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir.

18 Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. 19 Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos. 20 Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; 21 para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro.”

En el verso 18 y 19 queda especialmente evidenciada la lógica de la imputación de la justicia de Cristo a los pecadores. Así como en Adán todos somos pecadores, porque, sin ser responsables, se nos imputa el pecado de Adán, por la obediencia de Cristo, se nos imputa su justicia.

6. Resultados de la justificación en nuestras vidas

Posiblemente muchos se hayan sorprendido y otros se hayan decepcionado un tanto, cuando afirmamos que la justificación no nos transforma en justos realmente. La justificación no nos hace justos. Ser justificado no significa en absoluto ser hecho realmente justo, sino ser declarado justo. Lo primero implica una transformación total de nuestra naturaleza, una infusión de la justicia de Dios en nosotros, que evidentemente no experimentamos en ese momento, ni mientras estamos en este mundo. Esa es la tarea de toda nuestra vida, ahí si interviene nuestro esfuerzo y nuestro obrar en armonía con Dios, y el cultivo de una relación íntima con el Espíritu Santo que nos va capacitando y transformando a la imagen de Jesús.

En párrafos anteriores hemos visto la relación entre ley, pecado, justo y justicia. Citamos a Juan, que definía el pecado como infracción de la ley. A Pablo, que afirmaba rotundamente que todos somos infractores de la ley, y por tanto, pecadores, que no había un solo justo, que la paga del pecado es la muerte, y que recibimos el don de la vida eterna cuando aceptamos por fe la justicia que Cristo ha obtenido para nosotros.

La justificación, pues, es un acto de Dios que tiene la condición o característica de legal o forense puesto que consiste, en primer lugar, en el perdón de todos nuestros pecados, pasados, presentes y futuros, y en segundo lugar, en imputar o acreditar a nuestra cuenta la justicia de Cristo, que es lo único que permite que Dios nos acepte. Es la base de nuestra relación y reconciliación con Dios.

La justificación, pues, no nos convierte realmente en justos de un día a otro, ni lo pretende, solo sienta las bases para una nueva relación con Dios. Tampoco se experimenta en nuestro ser como una realidad de justicia infundida por Dios. No obstante, los beneficios que se derivan de ello para nuestra vida son inmediatos y evidentes. Se experimenta una gran paz, al confiar en Dios plenamente, y saber que hemos sido aceptados, y adoptados como hijos (Gálatas 4:4-7), ya no somos enemigos de Dios sino amigos, reconciliados por la fe en Jesús. Veamos algunos textos más que corroboran lo que afirmamos:

Romanos 5:1:

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesús.”

Para el ser humano, débil, frágil, que desde que nace sabe que ha de morir infaliblemente, por medio de la fe, sin las obras de la ley, obtiene la seguridad de la salvación, la certeza de ser resucitado en la próxima venida del Señor Jesús, y de vivir siempre con Él en la tierra nueva que el preparará para los que le aman (ver también Ap. 21: 1 – 8, Juan 14:2, 3).

Romanos 5:8-11:

“8 Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. 9 Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. 10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. 11 Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.”

2ª Corintios 5:14-21

14 Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; 15 y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

16 De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así. 17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 18 Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; 19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.

Sólo me resta, rogarte en el nombre de Jesús, reconcíliate con Dios si todavía no lo has hecho, y no sientas más temor, Cristo ha vencido, la victoria es nuestra y nada ni nadie nos puede separar del amor de Dios en Cristo.

Romanos 8:33-39

“33 ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. 34 ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. 35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? 36 Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. 37 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”


* Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera de 1960 de la Biblia. Las negrillas y los subrayados realizados al texto bíblico son nuestros.

domingo, 25 de marzo de 2007

¿Por qué es importante la Biblia para mí?


24-03-07


Carlos Aracil Orts



Introducción.

Se dice frecuentemente cuando un niño nace en una situación o condición afortunada, que el tal niño ha nacido o venido al mundo con “un pan debajo del brazo”. Pues bien, yo creo que sería mejor que todos viniésemos a este mundo con “la Biblia debajo del brazo”, pues ¿Qué es más importante lo material o lo espiritual? ¿La vida presente o la venidera que Dios ha prometido a todos los que le aman por la eternidad?.

No muchos han tenido el privilegio de nacer en un hogar cristiano donde la Biblia fuese el centro y la base de su educación y formación espiritual. Ahora siento mucho, no haber sido educado con los grandes valores morales y enseñanzas espirituales que hay en la Biblia.

En las décadas anteriores al año 1970 había poca divulgación de las Santas Escrituras, ni casi iglesias evangélicas y suficientes misioneros cristianos, y tampoco libertad religiosa y de culto en España. Por otro lado, también he de reconocer que no tenía ningún interés por la Biblia, ni sentía inquietud por los asuntos espirituales. Lo cual es lógico, pues todo ser humano nace separado y enemigo de Dios, y, posiblemente, algunos nacen ateos, otros se hacen a lo largo de su vida, y otros son reconciliados por Dios, convertidos y nacidos de nuevo.

En mi caso, que es de lo que puedo hablar, desde la niñez he creído en la existencia de Dios, pero no entendía nada o casi nada de la religión, de la cual pensaba estaba plagada de dogmas como el de la trinidad de Dios y el de la encarnación de la Divinidad en Jesucristo, del que se decía que era verdadero hombre y verdadero Dios a la vez. Todas estos temas al no poder ser entendibles mediante la pura y simple razón, me hacían pensar que la mayor parte de la religión cristiana estaba formada por doctrinas de corte humano, aunque este criterio o creencia no estaba fundamentado en una previa, seria y consecuente investigación de la fuente de toda revelación de Dios que es la Biblia.

Empecé a leer la Biblia hace más de treinta y dos años, y he de confesar con toda sinceridad que, durante todo este tiempo, nunca fui capaz de terminar de leer todos los libros que la componen. Es cierto que algunos libros son más fáciles de leer y de entender que otros, pero todos y cada uno de ellos son la revelación de la voluntad y plan de Dios para el ser humano.

Aunque muchos de los pastores que he conocido instaban a los miembros de la iglesia, casi insistentemente, de la necesidad de conocer la Biblia con más profundidad y de los beneficios espirituales que sin duda obtendríamos para nuestras almas, no consiguieron animarme lo suficiente como para emprender un estudio sistemático y diario de la misma. Algunas veces me propuse leer diariamente una pequeña porción de la Biblia con el fin de terminar de leerla en un año, siguiendo las listas de versículos asignados para cada día, pero siempre me desmoralizaba con la lectura de algunos libros del Antiguo Testamento.

Ahora, que he comprendido lo importante que es la Biblia para mí, he decidido recientemente que leería la Biblia entera en un año. Por eso, desde el mes de octubre de 2006 hasta el día de hoy -marzo de 2007- he completado el Nuevo Testamento, iniciado el Antiguo Testamento, al comienzo de este año, y llegado hasta el libro de Jueces, mediante una lectura diaria, rogando siempre al Señor para que el Espíritu Santo me ayude a comprender, asimilar y aceptar humildemente, sin dudar un instante en su veracidad, el propósito general, y particular para mí, de la Santa Escritura.

Aunque aun me faltan unos seis meses para finalizar este plan de estudio sistemático de la Biblia, si soy capaz de seguirlo diariamente con espíritu de oración y de aceptación de la Palabra, con la ayuda de Dios, al final de este lapso de tiempo no sólo tendré la satisfacción de haber conseguido leer el “best seller” o libro más leído de la historia del mundo, sino que podré dar mejor testimonio de mi fe, sabiendo con más conocimiento, en qué y en quién he creído, y cuáles son las bases de la religión cristiana que pretendo practicar.

Razones por las que considero que la Biblia es muy importante para mi vida.

1. Porque la Biblia es la Palabra de Dios, es la verdad y tiene palabras de vida eterna:

Juan 17:17

17 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.”

1 Tesalonicenses 2:13

13 Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes.”

Juan 5: 39

39 Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”

2. La Biblia es el perfecto manual de instrucciones para la práctica de una vida piadosa, de amor a Dios y a nuestros semejantes.

Desgraciadamente durante los primeros veintiséis años de mi existencia, no conocía la Biblia lo suficiente como para saber que era el manual de Dios para la vida del ser humano. Sin embargo, de haberlo sabido, hubiera encontrado las claves, fundamentos y propósitos de Dios para desarrollo armonioso de las tres dimensiones del ser humano: cuerpo, alma y espíritu (1 Tesalonicenses 5:23).

Por eso, cuanto más temprano se inicie la educación y formación espiritual con este manual de Dios más pronto llegaran los hombres y mujeres a conocerse a sí mismos y a Dios, su Creador, así como cuál es la voluntad y propósito de Dios para sus vidas.

3. La Biblia es el alimento espiritual que me hace crecer, me madura y me da a conocer a Jesús, el pan de vida.

Al igual que el alimento físico, el pan, es necesario para el sostenimiento de la vida física, así es también la Palabra de Dios, un alimento que debería tomarse diariamente, de forma disciplinada y perseverante, mediante la lectura y estudio sistemático de la Biblia.

Jesús resistió las tentaciones cuando dijo, “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mateo 4:4), citando parte de un versículo del Antiguo Testamento que se encuentra en Deuteronomio 8:3, y que dice así: “3 Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre.

Si no nos alimentamos convenientemente con la Palabra de Dios y vamos dejando de tomar la porción diaria además de no crecer espiritualmente, nos debilitaremos y no seremos capaces de asimilar las partes más sólidas o difíciles de digerir de las Escrituras.

Hebreos 5:12-14

12 Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. 13 Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; 14 pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal. “

Lo más importante de la Biblia está en su mensaje central, Jesús es el Mesías, el Salvador de la humanidad, el que sostiene nuestra vida material y nos da la vida espiritual y eterna. Jesús, es el pan de vida. Los siguientes textos me convencieron de la importancia del estudio diario de la Biblia para avanzar en la vida espiritual hacia la santificación.

Juan 6:25-68

Jesús, el pan de vida.

25 Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá? 26 Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. 27 Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre. 28 Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? 29 Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado. 30 Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces? 31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. 32 Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. 33 Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. 34 Le dijeron: Señor, danos siempre este pan.


35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. 36 Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis. 37 Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera. 38 Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. 39 Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. 40 Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.


41 Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo. 42 Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido? 43 Jesús respondió y les dijo: No murmuréis entre vosotros. 44 Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. 45 Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí. 46 No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre. 47 De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. 48 Yo soy el pan de vida. 49 Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. 50 Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. 51 Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.


52 Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? 53 Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. 54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. 55 Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. 56 El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. 57 Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. 58 Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente. 59 Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum.


Palabras de vida eterna


60 Al oírlas, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír? 61 Sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os ofende? 62 ¿Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero? 63 El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. 64 Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar. 65 Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.


66 Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. 67 Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? 68 Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. 69 Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.”

¿Cómo podemos ser ahora más diligentes para estudiar la Biblia que antes?

Dejando que el Espíritu Santo obre en nuestro corazón, haciéndonos más receptivos a su Palabra. No debemos dudar de ninguna promesa de Dios, porque el no miente y es fiel para cumplirlas. Y estando persuadidos de la seguridad de nuestra salvación, caminemos incesantemente hacia la santificación. Prosigamos a la meta que es Cristo Jesús

Para eso es bueno y conveniente, leer diariamente o siempre que se pueda, las Santas Escrituras “las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús, .... y a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.”(2ª Timoteo 3:15-17).

Para llegar a la medida de la plenitud de Cristo.

Efesios 4:13:

Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”.

La lectura y el estudio de la Biblia son imprescindibles para avanzar hacia “la medida de la plenitud de Cristo”.

4. La Biblia es vital y esencial para mí porque me enseña a vivir “en este mundo sobria, justa y piadosamente.”

Tito 2:12

Enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente,...”

5. Porque la Palabra de Dios es luz.

Salmo 119:105

Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino.”

En este mundo de tinieblas, donde se multiplican las opciones y las encrucijadas, la Biblia me ha señalado siempre el camino recto para no desviarme ni a izquierda ni a derecha.

6. Porque la Biblia señala el camino de la vida y la oportunidad de realizarnos como seres humanos auténticos y plenos.

Es una opción de vida (Deut. 30:15: “Escoge pues la vida”).

Juan 14:6

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.”

Juan 11:25

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.”

7. Porque la Biblia ha descubierto mi verdadera naturaleza.

Nuestra verdadera naturaleza es la de seres caídos, herederos del pecado original.

Romanos 5: 12: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.

Nuestra naturaleza es depravada:

Romanos 3:10-12: “10 Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; 11 No hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. 12 Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.”


Somos pecadores que merecemos la muerte:

Romanos 6:23: 23 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”

En otro tiempo estábamos muertos espiritualmente:

Efesios 2:1-5

1 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. 4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)”

Éramos enemigos de Dios:

Romanos 5:10

10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.”

Incapaces de percibir las cosas que son del Espíritu de Dios porque no las podíamos entender y las considerábamos una locura:

2ª Corintios 2: 14:

Pero el hombre natural no percibe las cosas de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.”

8. Porque Jesús me ha librado de la esclavitud del pecado:

Juan 8:31-36

La verdad os hará libres

31 Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; 32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. 33 Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?

34 Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. 35 Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. 36 Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.

9. La Biblia me ha revelado al Creador del mundo como un Dios de amor, personal, cercano, justo, santo, soberano y providente, que cuida de sus hijos, y que tiene un plan para la salvación del mundo:

Juan 3:16

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

10. Porque sólo por la Biblia he podido saber que Dios es uno en tres personas distintas, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Ninguno ser humano podía, ni por asomo, imaginar a Dios de tal manera. Por eso, al principio, esta gran verdad revelada sólo en la Biblia no la podía entender, y mi razón la rechazaba, porque no conocía las Escrituras de Dios. Más tarde, cuando lo comprobé por mismo, estudiando la Palabra, reconocí y acepté esta maravillosa doctrina. Dios es infinito, y como criaturas que somos, no podemos pretender abarcarle, sino que humildemente debemos aceptar lo que Él ha querido revelarnos.

Dios, afirma la Escritura, es uno (Marcos 12:29,30, Efesios 4:3-6, Deut. 6:4, 1 Timoteo 2:5):

Deut. 6:4,

Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”.

1 Timoteo: 2:5:

Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre,”)

Sin embargo, también sólo por la Biblia pudimos saber que Jesucristo es Dios igual al Padre.

Jesús es Dios –segunda persona de la Trinidad, porque:

Jesús perdona pecados:

Marcos 2:5-7

5 Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. 6 Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavilaban en sus corazones: 7 ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?”

Jesús es adorado:

Juan 9:38.

Y el dijo: Creo, Señor; y le adoró” (Repuesta del ciego de nacimiento curado por Jesús, a la pregunta de Jesús: ¿Crees tú en el hijo de Dios?)

Uno con el Padre : Juan 10:30: “Yo y el Padre uno somos”

Por la respuesta a Felipe:

Juan 14:9, 11

Jesús le dijo:¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos al Padre?... 11 “Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí”

Por la confesión del incrédulo Tomás cuando vio a Jesús resucitado:

Juan 20:28

Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!”

Por lo que dice Pablo a los filipenses que Jesús no estimó ser igual a Dios como cosa a que aferrarse:

Filipenses 2:5-11.

5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. 9 Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.”

Por lo que dice Pablo a los colosenses:

(Col. 2:9)

En él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad.”

La tercera persona de la Trinidad: El Espíritu Santo:

También es Dios, según la Biblia porque:

Es igual al Padre y uno con él:

Mateo 28:19.

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.”

2 Cor. 13:14

La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén”

El Espíritu Santo no es una fuerza o influencia sino una persona porque posee todas las características que la definen como tal y los atributos de Dios:

El Espíritu Santo tiene una voluntad y un parecer.

Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias.” (Hechos 15:28)

El Espíritu Santo enseña

12 porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debáis decir.” (Lucas 12:12)

El Espíritu Santo habla:

Hechos 8:29 “Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro.”

El Espíritu Santo prohíbe

Hec. 16:6: “6 Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia;”

El Espíritu Santo intercede en nuestras oraciones y nos ayuda en nuestra debilidad.

Rom. 8:26

26 Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.”

El Espíritu Santo es contristado

Efesios 4:30:

30 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.

Se puede pecar contra El Espíritu Santo

Mateo 12:31

31 Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada.

Se puede mentir al Espíritu Santo .

Hechos 5:3-4

3 Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? 4 Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios.”

11. La Biblia ha dado un sentido y propósito a mi vida:

La vida de los seres humanos es efímera, pues en los mejores casos su vida media es de unos ochenta años, eso siendo muy optimista. Este lapso de tiempo pasa rápido y no sin sufrimientos, pesares, tristezas y amarguras. ¿De qué podría uno vanagloriarse sensatamente al final de sus días?

Por lo general las personas buscamos en este mundo cómo ser felices y gozar de la vida. Sin duda un ateo o agnóstico se distinguirá radicalmente de un creyente en los medios que use para obtener esa felicidad o ese sentirse bien, y también en los objetivos y fines que se fije para alcanzar lo que considera el sumo bienestar para su vida. Aunque tantos los unos como los otros podemos desear lo mismo, es decir, pasar por esta vida con el menor sufrimiento posible, disfrutando lo máximo que podamos, los objetivos y los medios para tratar de conseguirlo por los creyentes serán distintos, pues éstos siempre se basarán en la ley de amor que Dios ha puesto en nuestros corazones y en la esperanza de la resurrección, en la próxima gloriosa venida de nuestro Señor Jesús.

Tito 2:11-14

11 Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, 12 enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, 13 aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, 14 quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.

Jesús me ha librado del temor de la muerte por su resurrección

Juan 5:24-29, 1 Corintios 15

24 De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. 25 De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán. 26 Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo; 27 y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre. 28 No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; 29 y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.

1 Tesalonicenses 4: 2-3

16 Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. 17 Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. 18 Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.”

La extensa maldad y violencia en que está envuelto el mundo, junto con las tragedias naturales, enfermedades, hambrunas y multitud de sufrimiento por doquier hacen pensar que la vida en este mundo no tendría ningún sentido, sino hubiese un Dios que ha prometido no desamparar a los justos y ha provisto unas moradas celestiales para ellos.

Juan 14: 2:

2 En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. 3 Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.”

Solamente Dios le da sentido a la existencia humana, a la vida en este mundo le añade la eternidad; y a lo terrenal y perecedero, añade la trascendencia de lo celestial.

Los cristianos, para la practica de nuestro cotidiano vivir, aceptamos el principio que se deduce de los cinco libros de la sabiduría que dice así: “El temor de Dios es el principio de la sabiduría.”. Lo que significa que nuestro sentido de la vida proviene de reconocer la existencia de Dios y adorarlo.

Por otra parte, los cristianos tenemos paz para con Dios porque por la fe en nuestro Señor Jesucristo, hemos sido justificados, es decir, declarados justos, o sea, absueltos de nuestros pecados y salvos por su muerte (Romanos 5:1; 3:24). Además vivimos con la certeza de que nuestro destino final es compartir la gloria de Dios.

Apocalipsis 21:1-4

1 Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. 2 Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. 3 Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. 4 Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. “

Conclusión.

La Biblia, pues, ha dado sentido a mi vida, al enseñarme que existe una ley espiritual que viene de Dios y que debe sojuzgar a la ley de la carne, a fin de que no vivamos sólo para uno mismo, sino venzamos al egoísmo con el amor, y sirvamos y amemos a Dios con toda nuestra ser, espíritu, alma y cuerpo.

Romanos 14:7-9

7 Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. 8 Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. 9 Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.”







1


domingo, 4 de febrero de 2007

Mi testimonio personal


Carlos Aracil Orts


Versión 04-02-07


Voy a tratar de compartir con vosotros mi actual vivencia del evangelio de nuestro Señor Jesús. Para que me podáis comprender mejor haré una breve radiografía de mi alma.


Hasta hace poco no he sabido gozar de la vida y apreciar el don de Dios. Mi vida ha transcurrido de forma anodina, muy centrado en mi mismo, en mis problemas psicosomáticos, con cierta tristeza que ha sido constante a lo largo de toda mi vida, infancia, adolescencia y adulto, con mucha necesidad de amigos y de afecto. Sin embargo, esas necesidades, que yo echaba tanto en falta, nunca fueron satisfechas, al contrario, durante la infancia fui objeto de lo que ahora se suele llamar acoso escolar, por los compañeros de clase. También sufrí fuertes y humillantes agresiones en mi infancia, por algún que otro niño de mi pueblo, que sin saber por qué me odiaba, lo que sin duda me perjudicó para poder tener en adelante, una relación normal con los demás.


Cuando tenía unos 30 años mi esposa y yo conocimos la iglesia cristiana adventista del séptimo día, recibimos estudios bíblicos y nos bautizamos en junio de 1975. Transcurrieron 28 años de mi vida, hasta el año 2003, en que abandoné esa iglesia, que no ayudaron nada a aliviar mis problemas emocionales, miedos y temores, sino que por el contrario contribuyeron a hacerme más triste si cabe, puesto que aun cuando no era del todo consciente, la enseñanza de guardar el sábado del Decálogo con todas sus prohibiciones, así como frecuentes sermones con énfasis en la ley, crearon una atmósfera de legalismo, y de inseguridad en la salvación, que dificultaron o hicieron imposibles unas sinceras relaciones fraternales de amistad y de progreso en el amor cristiano.

Ahora tengo una nueva perspectiva del evangelio. Me reconozco pecador, aprecio las buenas nuevas de salvación, como un don gratuito en Cristo Jesús, y confío solo en la gracia de Dios, sin las obras de la ley. Tengo paz con Dios, pues por fe creo que he sido justificado, hecho justo, por la sangre de Jesús, y por sus méritos. Sé que soy débil, y muy vulnerable, pero también sé que Dios muestra su poder cuando somos débiles no cuando nos creemos fuertes y nos envanecemos o gloriamos en nosotros mismos.

Gracias doy a Dios que la salvación no depende de nosotros, de las buenas obras que hagamos, de lo muy hábiles, inteligentes, astutos y fuertes que seamos, sino que Dios escogió a los débiles para avergonzar a los que se consideran fuertes:


1 Cor. 1:27-32


27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28 y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, 29 a fin de que nadie se jacte en su presencia. 30 Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; 32 para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.


2 Cor. 12:7-10


Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; 8 respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. 9 Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.


10 Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.


Ahora creo firmemente en:

La Seguridad de la Salvación


Todo el que acepta a Jesús como su salvador personal, es hecho justo e hijo de Dios. Es nacido de nuevo, una nueva criatura en Cristo Jesús, y, por tanto, no puede dudar que ya sea salvo, pues sería dudar de la Palabra de Dios. Esa seguridad de que nuestra salvación no es un hecho que se realiza en el futuro sino que ya es una realidad para todo aquel que cree produce una gran paz mental y bienestar espiritual.


Existen muchos textos en la Biblia que fomentan esa benefactora seguridad de la salvación, que no radica en nosotros sino en Dios. Sólo citaremos unos pocos pasajes de la Sagrada Escritura que nos lo confirmen. Precioso y confortador lo que expresa el gran apóstol Pablo en:

Romanos 8:28-39:


28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. 29 Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. 30 Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.


31 ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? 32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? 33 ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. 34 ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.


35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? 36 Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero.


37 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.


Igualmente importante es la seguridad que nos dan las mismas declaraciones de nuestro Señor Jesús en el evangelio de San Juan:


Juan 5:24.


24 De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.


Juan 6:47, 48


“47 De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. 48 Yo soy el pan de vida.”


1 Juan 3:14


“14 Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte.”


1 Juan 5:11-12


“11 Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. 12 El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”


El Nuevo Testamento son las buenas nuevas de salvación que todos podemos experimentar en nuestras vidas:


Debemos creer que desde el instante en que aceptamos a Jesús como nuestro salvador personal se producen en nuestras vidas los siguientes cambios beneficiosos:


-Somos librados de las tinieblas y trasladados al reino de su amado Hijo.


Col. 1:12-13.


12 con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; 13 el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, 14 en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.”


-Tenemos paz con Dios.


Romanos 5:1


“1 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;"


- Somos reconciliados con Dios


Romanos 5:10


“10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida


-Nuestro viejo hombre ha sido con Cristo crucificado.

Romanos 6:6


“6 sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.”


- Podemos considerarnos muertos para el pecado.


Romanos 6:11


“11 Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.”


-Estamos libres de la ley.


Romanos 7:6


“6 Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.


1 Juan 3:8,9


“8 El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. 9 Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.”


-Servimos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.


Romanos 7:6


“6 Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.


-Ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús


Romanos 8:1


1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.”


-Hemos recibido el espíritu de adopción.

Romanos 8:15


“15 Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!”


-Somos mucho más que vencedores por medio de él que nos amó


Romanos 8:37


“Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.”


-Hemos sido sellados con el Espíritu Santo de la promesa


Efesios 1:13


13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,”


-Hemos sido escogidos en Cristo.


Efesios. 1:4.


“4 según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”


-Dios obra en nosotros el querer como el hacer, por su buena voluntad.


Filipenses 2:13:


“Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.


-Hemos entrado en su reposo.


Hebreos 4:3.


“3 pero los que hemos creído entramos en el reposo,...”


El nuevo pacto inaugurado con la muerte de Cristo en la cruz, da la oportunidad a los seres humanos a ser hechos hijos de Dios, regenerados por el Espíritu Santo, y, por tanto, nacidos de nuevo.


El cristianismo no se queda ahí, no es una mera teoría sino una forma práctica de vida, es una religión de amor porque se funda en Dios, y Dios es amor (1 Juan 4:8: “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor”). Los cristianos debemos y necesitamos amar, porque Dios nos ama, y ninguna vida puede realizarse y ser completa hasta que se desarrolle y madure en amor a sus semejantes.

Dios nos ha mostrado su amor en su Palabra y en nuestra vida diaria.


Dios nos amó primero, cuando éramos enemigos de Él.

Rom. 5:8


Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”


1 Juan 4:9-11.


“9 En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. 10 En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.”


Por tanto, “11 Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.”

Nadie debe vivir sólo para sí mismo.


Romanos 14:7-9


7 Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. 8 Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. 9 Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.


El amor es un mandamiento de nuestro Señor Jesús.


“34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. 35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.”


¿Es acaso el amor una obligación? ¿Y si quiero amar y no soy capaz de ello? ¿De qué tipo de amor estamos hablando? ¿Es el amor sólo un sentimiento?


El amor que los cristianos tenemos que tener y demostrar, es el amor ágape. Y no es tanto, un sentimiento como una decisión de la voluntad renovada por medio del Espíritu Santo en nuestras vidas.


Pedro nos dice lo siguiente: “8 Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.” (1 P. 4:8).


¿Por qué debemos amarnos?


“7 Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. 8 El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.” (1 Juan 4:7).


“25 para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. 26 De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan.” (1 Cor. 12:25-26).


¿Cómo se demuestra el amor?


Nuestras palabras pueden curar o pueden abrir heridas. Prov. 12:18: “Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; mas la lengua de los sabios es medicina.”


Col. 3:12-15.


12 Vestios, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; 13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. 14 Y sobre todas estas cosas vestios de amor, que es el vínculo perfecto. 15 Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos.”

Gál. 6:2


2 Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.”.


Gál. 5:14


14 Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”


Todo el evangelio demuestra que el Nuevo Pacto en Cristo es superior al Antiguo Pacto que ya ha caducado. El nuevo Pacto no se basa en el Decálogo como el Antiguo, sino sobre la realidad de Cristo y sobre mejores promesas, siendo muchas de ellas, como hemos visto, una realidad en nuestras vidas. Nuestra referencia no es el Decálogo del Antiguo pacto, no son unas tablas escritas, una ley externa a nosotros, sino la ley del amor escrita por Dios en nuestros corazones, que es muy superior a aquella, porque implica un sincero interés y preocupación por los demás.


1