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martes, 25 de diciembre de 2007

1. Breve reseña de “Tierras de penumbra”


(Ciclo:Dios y nuestro sufrimiento: De Job a C.S. Lewis)


Carlos Aracil Orts


Versión 02-12-07


Mis respuestas bíblicas a las cuestiones planteadas sobre el problema del sufrimiento en las sesiones organizadas por las iglesias Evangélica española, Episcopal Reformada Española y Primera Iglesia Evangélica Bautista.



Introducción.


En el artículo anterior, hicimos una breve descripción de la iniciativa de las iglesias organizadoras al unirse para tratar un tema que nos afecta a todos, como es el sufrimiento humano, así como del contenido a debatir para cada una de las cuatro sesiones que comprenden la programación de estos actos.


Con esta breve reseña a la película titulada “Tierras de penumbra” iniciamos este ciclo de cuatro artículos: uno por cada sesión programada por las iglesias sobre el tema de “Dios y nuestro sufrimiento: De Job a C.S. Lewis”.


1ª Sesión. Proyección de la película : “Tierras de penumbra”


Lugar: Primera Iglesia Evangélica Bautista

Fecha: 30 de septiembre de 2007


Breve reseña de “Tierras de penumbra”


Esta película no podía ser más apropiada para iniciar y plantear el tema sobre el problema del sufrimiento humano que ha reunido a las tres iglesias, Dios y nuestro sufrimiento: De Job a C.S. Lewis, puesto que trata de la vida del famoso escritor cristiano C.S. Lewis que tanto gustaba teorizar sobre el sufrimiento en sus habituales conferencias y charlas, y que en la última etapa de su vida experimentó en su propia carne, de una forma vívida e intensa, el fuerte dolor psíquico al enfrentarse con la grave enfermedad e inevitable muerte de su amada esposa Joy.


Tierras de penumbra” es una emocionante y maravillosa historia de amor basada en hechos reales. La película, de nacionalidad británica, dirigida por Richard Attenborough, está protagonizada por el actor Anthony Hopkins, en el papel del famoso escritor británico C.S. Lewis, y la actriz Debra Winger interpretando a Joy Greshan, poetisa Norte Americana que, al admirar las obras literarias del escritor, concertó con él una entrevista en Londres para conocerle personalmente. La acción del film se desarrolla, principalmente, en la Universidad de Oxford donde Lewis, ejerciendo como profesor, daba curso a su algo monótona y rutinaria vida hacía el año 1952.


El profesor de literatura, C.S. Lewis es un hombre soltero de mediana edad que vive en una mansión ubicada en el recinto universitario, acompañado de su hermano Warnie, también soltero y algo mayor que él. Su vida transcurre entre las clases de la universidad, las charlas de club con su grupo de amigos habituales, y las conferencias y charlas públicas en las que su tema preferido era el problema del sufrimiento humano. En casi todos sus discursos, cuando Lewis trataba de encontrarle sentido y razón al sufrimiento repetía su famosa frase: "El dolor es el megáfono que Dios utiliza para despertar a un mundo de sordos”.


Sus argumentos y pensamientos profundos y filosóficos, sin duda, proporcionan cierta lógica o razón de ser al sufrimiento que existe en este mundo, complementando, en alguna manera, la explicación revelada en la Biblia del origen del mal, el dolor y la muerte. A continuación, insertamos algunas frases de sus discursos que nos han parecido interesantes o más impactantes:


Somos como bloques de piedra que el escultor [Dios] va modelando hasta lograr que su forma sea totalmente humana. Los golpes de su cincel que tanto nos hieren o nos duelen, también nos van haciendo perfectos.”


No creo que Dios quiera exactamente que seamos felices. Dios quiere que seamos capaces de amar y ser amados. Él desea que lleguemos a ser maduros, y puesto que nos ama nos da también la capacidad de sufrir.”


El goce más intenso no consiste en tener sino en desear. El constante deleite, la felicidad eterna es experimentada sólo cuando lo más importante que deseamos está fuera de nuestro alcance.”


La vida de C.S. Lewis, que se desarrollaba rutinaria y tranquila dentro de su estrecho, aislado y egoísta mundo formado por el círculo de amigos y sus clases en la Universidad, se trastoca radicalmente cuando, un buen día, irrumpe Joy en ella. A partir de ese momento, su vida empieza a cambiar, ya no puede seguir desempeñando su frío rol de profesor, en cierta medida, vacío de auténticos sentimientos de amor. Joy rompe su rutinaria vida y le hace experimentar nuevos sentimientos acerca del amor, la amistad y el sufrimiento.


Joy es una mujer joven, atractiva, inteligente y sincera que vive en Estados Unidos, separada de su marido y en vías de divorcio, con su único hijo, Douglas, de diez años. Como Joy, decidida y valiente, admira a Lewis y su obra hace planes para conocerle personalmente, y para ello le solicita una entrevista en un hotel de Londres. De esta primera cita surge un sentimiento de afecto y simpatía mutuo, estableciéndose una buena relación de amistad entre ambos. Después de eso, ella vuelve a su país con la promesa de volver tan pronto solucione el divorcio con su marido.


Joy regresa de nuevo a Londres, pero en esta ocasión con el propósito de establecer allí su residencia usual. La relación de amistad entre Lewis y Joy va progresando hasta convertirse en un conmovedor relato de amor.


Conclusión.


En mi opinión, la interpretación de los personajes es cuidadosa, impecable, y muy convincente. Se disfruta con los estupendos, y a veces, profundos diálogos que contienen frases llenas de sabiduría. Me sentí bastante emocionado al observar, como la actitud fría y distante de C. S. Lewis en los primeros encuentros, fue evolucionando hasta convertirse en otra distinta, mucho más cálida y tierna hacia Joy. Especialmente, experimenté ese sentimiento, cuando, finalmente, Lewis, dejando sus teóricas ideas, sorbe con entereza el cáliz amargo de la cruel realidad al tratar de expresar lo que estaba sintiendo con la siguiente frase: "El dolor de ahora forma parte de la felicidad de entonces".


Estoy de acuerdo con Lewis cuando dice que el sufrimiento nos madura, especialmente si lo aceptamos y lo asumimos mediante la fe, pensando que, a pesar de ello, Dios nos ama, y también con el autor del libro de Hebreos cuando dice en el capítulo 12 y verso 11: “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.” (Véase también Romanos 8:28).


El siguiente artículo, que corresponde a la segunda sesión de este ciclo sobre Dios y nuestro sufrimiento: de Job a C.S. Lewis, se titula “2. Las equivocadas respuestas humanas al sufrimiento”. Con oración y ayuda de Dios, trataremos de proporcionar nuestro punto de vista y respuestas, que deseamos se ajusten lo más posible al espíritu de la Palabra de Dios.



Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosorts@gmail.com



2. Las equivocadas respuestas humanas al sufrimiento


(Ciclo: Dios y nuestro sufrimiento: De Job a C.S. Lewis)


Carlos Aracil Orts


Versión 02-12-07


Mis respuestas bíblicas a las cuestiones planteadas sobre el problema del sufrimiento en las sesiones organizadas por las iglesias Evangélica española, Episcopal Reformada Española y Primera Iglesia Evangélica Bautista.



Introducción.


En la anterior sesión iniciamos este ciclo de ensayos sobre Dios y nuestro sufrimiento: De Job a C.S. Lewis con un comentario-reseña de la película “Tierras de penumbra” proyectada como base de debate del tema propuesto en la primera sesión de reunión general de las tres iglesias participantes.


Mediante este artículo tratamos de responder al cuestionario planteado para la segunda sesión que se celebró en la Iglesia Evangélica Española. Lo que presentamos aquí y en los siguientes artículos, como ya dijimos, es nuestra particular visión y forma de enfrentarse y aproximarse al problema del sufrimiento, apoyándonos en la Biblia, que consideramos es la revelación divina para la humanidad.


1. Lee Job 9:22-24 y Salmo 42. ¿Hasta qué punto nos sentimos solidarios con las preguntas que plantean estos textos?


Job 9:22-24


22 Una cosa resta que yo diga: Al perfecto y al impío él los consume. 23 Si [un] azote mata de repente, se ríe del sufrimiento de los inocentes. 24 La tierra es entregada en manos de los impíos, Y él cubre el rostro de sus jueces. Si no es él, ¿quién es? ¿Dónde está?


Salmo 42


1 Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. 2 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios? 3 Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, Mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios? 4 Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí; De cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios, Entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta. 5 ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.


6 Dios mío, mi alma está abatida en mí; Me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán, Y de los hermonitas, desde el monte de Mizar. 7 Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas; Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí. 8 Pero de día mandará Jehová su misericordia, Y de noche su cántico estará conmigo, Y mi oración al Dios de mi vida.


9 Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo? 10 Como quien hiere mis huesos, mis enemigos me afrentan, Diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios?


11 ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.


Como habitantes de este planeta y de esta creación que “gime a una” (Romanos 8:22) y como sufrientes o sufridores que somos, no podemos sino sentir solidaridad con las preguntas que se hace Job y el salmista. Job, que cree en la Providencia universal, responsabiliza a Dios de que exista el mal, la enfermedad y la injusticia, y, por tanto, el sufrimiento, preguntándose que sino es Dios el causante o, al menos, el que lo permite ¿quién es? ¿Dónde está? .


Por otro lado, no estamos de acuerdo con las afirmaciones que Job hace si se refieren a Dios. Ellas se ajustan o adaptan perfectamente para el enemigo de Dios: Satanás. El diablo “ha sido homicida desde el principio,... y padre de mentira” (Juan 8:44).


También nos identificamos con el salmista, pues a lo largo de esta vida se experimentan situaciones difíciles en las que uno piensa que Dios se ha olvidado de nosotros o que no nos escucha, y en muchas ocasiones, podemos sentirnos abatidos ante una falta de repuestas, y ante la burla ¿Dónde está tu Dios? o la indiferencia de los demás.


No obstante, nuestra esperanza, como el mismo salmo expresa, debe anclarse en Dios, nuestra Roca y nuestra salvación. “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2ª Pedro 3:13). Como Pablo, debemos creer firmemente “que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.” (Romanos 8: 18; Véase también Apoc. 21:1-4. )


2. ¿Hay siempre un culpable último del sufrimiento humano? No pensemos en desgracias “naturales” o en grandes cataclismos (terremotos, hura­canes, sequías, guerras...) y pensemos en la catástrofe que para una familia puede significar el nacimiento de un niño con graves anomalías genéticas, o la muerte inesperada de una madre joven o la pérdida de un empleo...


En mi opinión, el culpable último del sufrimiento humano es el pecado original cometido por Adán y Eva. Él es la causa de la separación y disolución de la comunión original con Dios: la muerte espiritual, el inicio de la depravación de la naturaleza humana, la muerte física, y la alteración de todo el planeta. (Ver Génesis 3, y especialmente 3:6, 7, 16, 17, 18, 19; Romanos 5:12,14, 18).


Como consecuencia del pecado original, el ser humano nace con tendencia o inclinación hacia lo malo, y cuando tiene uso de razón peca ineludiblemente (Romanos 5:10, 23), y ello acarrea más sufrimiento. Por tanto, en algunas ocasiones, padecemos el castigo justo por nuestras malas acciones o decisiones equivocadas, pero en otras nuestro sufrimiento es causado por el pecado de los demás. También heredamos de nuestros padres las consecuencias de sus pecados, pues así lo atestiguan los siguientes textos:


Éxodo 20:5; Deut. 5:9


9 No te inclinarás a ellas ni las servirás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen.”


Números 14:18


18 Jehová, tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, aunque de ningún modo tendrá por inocente al culpable; que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta los terceros y hasta los cuartos.” (Véase también Jeremías 32:18)


3. ¿Quién es el culpable?

a. ¿Nosotros mismos?

b. ¿Dios?

c. ¿La suerte, el destino, la fatalidad?


En ningún caso podemos considerar a Dios como culpable, puesto que Él no es el Autor del pecado. “...El pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte...” (Romanos 5:12). El hombre, que fue creado perfecto, eligió libremente separarse de su Creador. Solo él, pues, es culpable.


Ahora bien, una vez aceptada nuestra responsabilidad, debemos decir que no siempre somos nosotros mismos los culpables de nuestro sufrimiento. El pecado y maldad del mundo en que vivimos no puede dejar de afectarnos de muchas maneras, y directa o indirectamente. Algunas veces sufrimos las consecuencias de la herencia o de la influencia del entorno, etc.


En muchísimas ocasiones nos será difícil sino imposible el determinar las causas de nuestra enfermedad, dolor o sufrimiento. Jesús mismo afirmó lo siguiente:


Juan 9:1-3

1 Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. 2 Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? 3 Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.


Jesús no explicó por qué este hombre había nacido ciego. Se podrían citar varias causas, desde que su malformación fuese producto de una inadecuada conducta de la madre o del padre, de un accidente durante el ciclo de gestación, etc. hasta que fuese, simplemente, consecuencia de vivir en un mundo en el que el pecado ha ido, a través de muchas generaciones y circunstancias, debilitando y erosionando la raza. Jesús se limitó a decir que el hecho de su enfermedad y sufrimiento redundaría en gloria de Dios por la manifestación milagrosa de su poder sanador. Como resultado de su enfermedad las obras de Dios fueron manifiestas en el ciego, pues fue sanado y quitado el sufrimiento que le había ocasionado su ceguera de nacimiento. En este caso la preposición “para” no expresa propósito como es usual sino que da idea de resultado, es decir, como consecuencia de su ceguera se manifestó la misericordia de Dios milagrosamente.


En el siguiente texto de Lucas 13:1-5, Jesús nos enseña a no pensar o juzgar que determinado accidente o sufrimiento sea siempre y necesariamente un castigo divino por nuestro pecado.


Lucas 13:1-5


1 En este mismo tiempo estaban allí algunos que le contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos. 2 Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos? 3 Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. 4 O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén? 5 Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.”


También, a veces Dios permite el sufrimiento para purificarnos y madurarnos. Otras veces es Dios mismo el que castiga nuestra maldad o pecado: Isaías 13:11: “Y castigaré al mundo por su maldad, y a los impíos por su iniquidad; y haré que cese la arrogancia de los soberbios, y abatiré la altivez de los fuertes” ( Véase también Amos 3:2; Jer. 2:19; 16:18; 23:2; 25:12; 31:30; 32:18)


Dios, al igual que un Padre amante, a veces nos disciplina para nuestro bien como dice la carta a los Hebreos 12: 6 “Porque el Señor al que ama, disciplina,” , pero me gustaría que leyésemos este versículo en su contexto porque es muy interesante. Nos hace tomar conciencia de nuestra condición de hijos de Dios, y de que todavía no hemos resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado. Creo que fue C.S. Lewis el que dijo algo así como que sólo al enfrentarnos con el final de nuestra vida es cuando conocemos si nuestra fe es auténtica o no.


Hebreos 12: 1-15:


1 Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, 2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.


3 Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. 4 Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado; 5 y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo:


Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor,

Ni desmayes cuando eres reprendido por él;

6 Porque el Señor al que ama, disciplina,

Y azota a todo el que recibe por hijo.


7 Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? 8 Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. 9 Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? 10 Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. 11 Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.


Por último, en mi opinión nada de lo que nos ocurre, en ningún caso, es fruto de la suerte, la fatalidad o el destino, siempre obedece a alguna causa. Dios, desde la eternidad, ha previsto y provisto para que el Plan de salvación para este mundo se lleve a cabo, y que todo creyente auténtico en Cristo sea salvo.


4. Aceptar el sufrimiento ¿es sinónimo de falta de esperanza, de derrota, de falta de fe?


Al contrario. La única forma de enfrentarse con éxito al sufrimiento es mediante la fe (1 P. 4:13, Sant. 5:11, Mat. 5:4,10; Heb. 12:3-11), y con la esperanza, que proviene de la fe, en la gloria venidera (Rom. 8:18: “que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.”).


5. ¿Puede el sufrimiento “matar” la fe del creyente? Si Dios es el causante de nuestro sufrimiento ¿qué podemos decir de su Justicia?


Sin duda, el sufrimiento puede socavar la fe del creyente, pero también puede aumentarla y hacerle madurar. Ello dependerá de su grado de entrega y relación que tenga con Dios, y de su convicción y entendimiento de la voluntad de Dios revelada en la Biblia.


28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” (Romanos 8:28).


Dios se ha revelado en su Santa Palabra como infinitamente bondadoso, misericordioso, justo y sabio, que conoce el fin desde el principio. En los postreros días Él nos reveló su infinito amor entregando a su amado Hijo por nosotros Heb. 1:1; Juan 3:16. El sufrimiento no es causado por Dios, y al parecer es necesario soportarlo con fe y paciencia para madurar, pues hasta Cristo por lo que padeció aprendió la obediencia. Heb. 4:8-10.


6. Comenta la frase de C. S. Lewis en su libro “Una pena en observación”


No es que yo corra demasiado peligro de dejar de creer en Dios, o por lo menos no me lo parece. El verdadero peligro está en empezar a pensar tan horriblemente mal de Él. La conclusión a que temo llegar no es la de: “Así que no hay Dios, a fin de cuentas”, sino la de: “De manera que así es como era Dios en realidad. No te sigas engañando”.


No comparto la reflexión que expresa en esta frase C. S. Lewis. La infinita bondad de Dios no es cuestionable. ¿Cómo podríamos poner en entredicho el infinito amor y perfección de su carácter? Cualquiera insignificante duda que tengamos al respecto implicaría que estaríamos creyendo y fundamentándonos en un Dios falso, que no sería Dios, y por tanto no existiría. Llegar a esa conclusión significaría convertirse en ateo, o solidarizarse con los ateos en sus cuestionamientos incrédulos, además de la pérdida de confianza y esperanza en Él que obtendríamos.


¿Qué interés mostraríamos en asemejarnos a Él, en recuperar en nosotros la imagen de Dios que perdimos en Edén? ¿Cómo podemos dudar del amor de Dios en Cristo Jesús?


Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16).


El mundo caído en el que vivimos es horrible por causa de la maldad y degradación de los seres humanos, y por el sufrimiento, originado por la pobreza, la enfermedad, la violencia de todo tipo, la injusticia y al final, la muerte. Aunque los cristianos no estamos inmunizados para todo ello, vivimos en la esperanza del cumplimiento presente y futuro de las promesas de Dios en nuestras vidas y en el mundo. Caminamos por fe. Sabemos que Dios, en quien hemos depositado nuestra confianza, no nos defraudará, ni seremos avergonzados jamás. Porque Él no puede mentir. Su Palabra es verdad (Juan 17:17).


Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mí depósito para aquel día.” (2ª Timoteo 1:12)


Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.” (Romanos 10:11)


El cristiano debe vivir creyendo firmemente que todo lo que la Palabra de Dios dice se cumplirá en él. Como cristianos de fe viva creemos que ya estamos participando en el reino de los cielos. Éste es el universo prometido en el que debemos desarrollarnos aunque pasemos por momentos de mayor o menor aflicción. Ya sea que suframos o estemos felices nunca debemos olvidar amar y solidarizarnos con el resto de la humanidad doliente. Creemos a Pablo cuando dice que hemos sido trasladados “al reino de su amado Hijo,...”.


Colosenses 1:12-13: “12 con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; 13 el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo,


Para estudiar y meditar lo que dice Pablo en Colosenses 1:24: cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia;”


Colosenses 1:24


24 Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia; 25 de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios, 26 el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos”


Conclusión.


Existen muchas causas de sufrimiento porque vivimos en un mundo caído, una humanidad que, en general, quiere vivir sin contar con Dios, de espaldas a Él, ignorando su voluntad. Los seres humanos, a través de toda la historia de este planeta han demostrado su egoísmo, depravación y maldad de su naturaleza, puesto que han sembrado la tierra de infinidad de conflictos y guerras que tanto sufrimiento, desolación y dolor han ocasionado.


Mientras vivamos en este mundo tenemos que aprender a convivir con el sufrimiento, la enfermedad y la muerte. Como cristianos debemos desterrar todo tipo de violencia, egoísmo e impureza, y contribuir a la paz viviendo y predicando el evangelio de la paz y de la salvación de nuestro Señor Jesucristo, aprendiendo a ser capaces de solidarizarnos con los que sufren.


Si admitimos que el hombre es culpable de pecado, reconociendo nuestra parte de responsabilidad, asumiremos mejor el sufrimiento que nos toque soportar, y daremos a Dios la honra y gloria que se merece considerando que su gobierno está basado en la justicia, y que Él es infinitamente misericordioso, bondadoso y sabio, y se solidarizó con nosotros viniendo a este planeta a sufrir en la persona de su Hijo Jesucristo pagando el precio de nuestro rescate.


En el siguiente artículo, titulado “3. La adecuada respuesta de Dios”, correspondiente a la tercera sesión de este ciclo (Dios y nuestro sufrimiento: de Job a C.S. Lewis), seguiremos intentando comprender el sentido que puede tener el sufrimiento en nuestras vidas, así como la forma más adecuada para enfrentarnos a él.




Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosorts@gmail.com



3. La adecuada respuesta de Dios


(Ciclo: Dios y nuestro sufrimiento: De Job a C.S. Lewis)


Carlos Aracil Orts


Versión 02-12-07


Mis respuestas bíblicas a las cuestiones planteadas sobre el problema del sufrimiento en las sesiones organizadas por las iglesias Evangélica española, Episcopal Reformada Española y Primera Iglesia Evangélica Bautista.



Introducción.


En el artículo precedente de esta serie tratamos el tema debatido en la segunda sesión titulado “Las equivocadas respuestas humanas al sufrimiento”.


En este ensayo, al igual que hicimos con las anteriores preguntas, abordamos el desarrollo de las respuestas al cuestionario de la tercera sesión intentado, lo más que sepamos o podamos, fundamentar nuestra argumentación en la Revelación dada por Dios a la humanidad.


Entendemos que el sufrimiento y la muerte son misterios que la razón, la ciencia o los sabios argumentos humanos son incapaces de explicar cabalmente. Por tanto, afrontaremos estos enigmas de la humanidad, con la máxima humildad y a luz de Palabra de Dios.


1. Lee Job 38, 4 - 39, 30 y busca ejemplos de cómo el Plan de Dios abarca toda la Creación y de cómo su gobierno es bondadoso y justo ¿Qué matiz importante se añade en el Salmo 37,7-11?


En capítulos anteriores Job había expresado sus quejas a Dios por las terribles desgracias que le habían acaecido. Él se sentía perplejo y confundido porque se consideraba un hombre justo e inocente de todo mal. No podía encontrar las causas de tanto dolor y sufrimiento sin sentido aparente. Aunque él atribuye a Dios todo lo que le estaba sucediendo sigue manteniéndose fiel a Dios, esperando que algún día se manifestaría su justicia y bondad.

En Job 38, 4-39 es emocionante comprobar cómo Dios responde a Job, y el diálogo que el Todopoderoso establece con su criatura. Aunque Dios no le explica a Job las causas de su desgracia, se le revela como el Creador de todo el universo y que todas las cosas están bajo su control, nada le es oculto o le pasa desapercibido, no hay secretos ni misterios para el Artífice de la creación, Rey de reyes y Señor de señores, ni nada ni nadie que se oponga a Él.


Como criaturas que somos, debemos reconocer, humildemente, que estamos tremendamente limitados por la imperfección propia y del mundo que nos rodea, y porque vivimos en un planeta en rebelión donde predomina el espíritu del mal y la idea de independizarse del Creador. No obstante, Dios, desde el primer instante de la caída de la primera pareja de la humanidad, nos tendió su mano, no nos dejó a nuestra suerte, ni en manos del maligno, sino que, respetando nuestra libertad individual, Él se comunicó con los seres humanos, a través de sus profetas, y mediante la revelación de su voluntad a su pueblo escogido, Israel, y en los últimos tiempos “nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;...” (Hebreos 1:1, 2). El Plan de Dios es universal y contempla la erradicación completa del mal y del dolor y la salvación de todos los que depositen su fe y confianza en su Hijo, Jesucristo, que nos resucitará de los muertos, dándonos un cuerpo glorioso semejante al de Él mismo. (Véase Apocalipsis 21: 1-8).


En el Salmo 37 se nos exhorta a esperar con fe y confiar en la justicia de Dios: el malvado será destruido y los mansos heredarán la tierra.


Salmo 37, 7-11


7 Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, Por el hombre que hace maldades. 8 Deja la ira, y desecha el enojo; No te excites en manera alguna a hacer lo malo. 9 Porque los malignos serán destruidos, Pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra. 10 Pues de aquí a poco no existirá el malo; Observarás su lugar, y no estará allí. 11 Pero los mansos heredarán la tierra, Y se recrearán con abundancia e paz. “


2. Seguramente conoces situaciones en las que el sufrimiento es causado por nuestras propias acciones o forma de vivir y también por las acciones o forma de vivir de otras personas. Intenta poner ejemplos y decir cuáles deberían ser nuestras actitudes en uno u otro caso.


Ante este tema como en cualquier otro, cada cual, como es natural, hablará según su experiencia, educación, cultura y por la influencia del entorno cercano en que se haya desarrollado la mayor parte de su vida. Este último aspecto es muy importante, porque en el podemos incluir la educación proporcionada por los progenitores y por los maestros y docentes de la escuela primaria y secundaria, y la influencia de los amigos y compañeros, y otras personas del entorno que con su ejemplo y actitud hacia nosotros nos han ido modelando de una determinada manera.


También nuestra forma de ver el mundo, la actitud que adoptemos en nuestro modo de vivir, y nuestras creencias religiosas afectarán nuestras vidas y las de los que nos rodean.


En general, cuando obramos erradamente, o con egoísmo y falta de amor hacia los demás, seguramente, les ocasionamos algún tipo de sufrimiento, y más tarde o temprano también sufriremos las consecuencias en nosotros mismos.


La transgresión de las leyes morales, físicas o naturales o cualquier tipo de ley humana o divina siempre trae consecuencias que se traducirán en sufrimiento (Gálatas 5:7,8):


No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. (8) porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.” (Gálatas 5:7,8)


En el plano físico de la relación con nuestro propio cuerpo, por ejemplo: mantener un estilo de vida en el que no exista equilibrio entre trabajo y descanso, y ejercicio físico, o sea cualquier tipo de intemperancia, y llevar una alimentación inadecuada, puede dar lugar a enfermedades más o menos graves y con ellas el sufrimiento. Igualmente, los malos hábitos de fumar, beber alcohol y tomar otras drogas han causado y seguirán causando mucho sufrimiento.


En el plano social o laboral, se produce mucho sufrimiento cuando no se nos trata con respeto y con amor. Cuando abundan las críticas destructivas, las descalificaciones viscerales e injustificadas etc. No digamos ya en situaciones en las que hay humillaciones, burlas, intolerancia, incomprensión, rechazo de la manera de ser del otro, e incluso agresión psicológica y física, entre compañeros de estudio o de trabajo.


En las relaciones de pareja, ¡cuanto sufrimiento se produce a causa del egoísmo, y de la falta de amor!.


Nuestras actitudes deben ser en cualquier caso, aquellas que conduzcan a asumir nuestra parte de responsabilidad, reconocer nuestras imperfecciones y limitaciones. Cuando el error sea nuestro debemos, con toda humildad, admitirlo, y pedir perdón al/los afectado/s, y tratar con la ayuda de Dios de cambiar y madurar constantemente pensando antes en la felicidad de los demás que en la nuestra.


Cuando son los demás los causantes de nuestro sufrimiento, poco podemos hacer, salvo tratar de comprenderlos, y seguir el mandamiento de nuestro Señor Jesús: devolver bien por mal, amar aun a nuestros enemigos: “Porque si amáis a los que os aman, ¿Qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman.” (Lucas 6:32-34; ver también Lucas 17:10).


3. ¿Por qué en otras épocas (prácticamente hasta el S.XX) siendo mayor el sufrimiento humano que hoy (al menos en el mundo occidental) la gente era más creyente en un Dios bueno?


Con el Renacimiento y la Ilustración surge la idea de la modernidad que pone su confianza en la razón humana, y hace énfasis en el método científico y técnico. Se cree que el ser humano ha llegado a la madurez, superando las épocas anteriores dominadas por la irracionalidad y el oscurantismo, y que por el progreso en todos los órdenes se alcanzará la liberación de todas las esclavitudes externas e internas.


La Ilustración defendió la idea del deísmo: un Dios que se limita a crear el mundo y que no interviene en él, siendo esto el primer paso para el ateísmo. La modernidad supone una reivindicación de la libertad, que junto con la razón, constituyen los verdaderos dogmas de este movimiento. El ateísmo moderno encabezado por los filósofos Feuerbach, Marx, Freud, Nietzche y Sartre no sólo rechazan la existencia de Dios sino que se rebelan ante la misma idea de Dios. Pretenden resaltar la dignidad del hombre, haciendo hincapié en la autonomía absoluta del hombre, que niega toda dependencia de Dios.


Al negar el sentido trascendente del hombre, se fue extendiendo por toda la sociedad el materialismo y la secularización. Al tratar de prescindir de Dios, surgieron las ideas evolucionistas, empezando por Mendel y Lamark, siguiendo con Darwin, hasta llegar a la multitud de científicos de hoy, que han tratado, y pretenden, explicar el origen de la creación y de las especies, por generación espontánea de una primera célula o bacteria que ha ido evolucionando a través de cientos de millones de años hasta llegar al estado actual del planeta.


4. ¿Qué diferencias existen o deberían existir en la forma de enfrentar el sufrimiento entre un no cristiano y un cristiano? Puedes consultar: Job 42, 1ª Corintios 10:13... etc.


1ª Corintios 10:13:


No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará juntamente con la tentación la salida, para podáis soportar.”


El cristiano sabe que el origen del dolor y el sufrimiento es el pecado, y puesto que se reconoce pecador, asume su parte de responsabilidad en su existencia. Por tanto, hace frente al sufrimiento mediante la fe en Dios y su Palabra revelada -la Biblia.


En primer lugar, lo acepta como algo inevitable totalmente en este mundo de pecado en el que vivimos. En segundo lugar, por la fe cree que Dios es poderoso para obtener bien aun del mal, 6 “Porque el Señor al que ama, disciplina,...” (Hebreos 12:6). Sabiendo que “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados. (Hebreos 12:11).


En segundo lugar, el cristiano espera firmemente en las promesas de Dios: “que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.” (Rom. 8:18:). Además, “... sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” (Romanos 8:28).


Sin embargo, si no se confía o no se cree en Dios, nada en el mundo tiene sentido. Para el que no tiene fe en Dios, la muerte significa el dejar de existir para siempre. Su vida queda aprisionada a la materia y al tiempo, su dimensión espiritual se pierde, el propósito de la vida no puede ser trascendente, y se tiene que limitar a vivir el presente, sin perspectiva de eternidad, y como dice San Pablo: “Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, porque mañana moriremos.” La vida se convierte en algo efímero y banal, en la que normalmente impera la ley de la selva, y un hombre es un lobo para otro hombre.


5. ¿Crees posible que Dios use el sufrimiento para enseñarnos algo o hacernos mejores personas? Puedes consultar: 1ª Corintios 1:4; Hebreos 12; Santiago 1: 2-4 y 2ª Corintios 12: 7-9; 4:7, 16-18.


Como ya hemos dicho anteriormente, el sufrimiento es causado por el pecado, y éste por una equivocada elección del hombre en el ejercicio de su libertad. Dios no desea que ninguna ser humano sufra, pero una vez que el mal apareció en el mundo, Dios, que podía haberlo suprimido, prefirió, en su infinita sabiduría y bondad, usarlo para obtener bienes mayores y mostrar al universo su justicia, bondad y misericordia.


Creo que el sufrimiento cuando se asume y acepta como una “medicina” necesaria permitida por Dios para prepararnos y hacernos idóneos para su reino celestial, nos va convirtiendo en mejores personas. El cristiano debe creer que todo lo que le ocurre redunda en bien para él, y también en lo que dice Pablo en 2 Corintios 12:10: “Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.”


En mi opinión, C.S. Lewis está acertado cuando dice algo así como lo que intento, buenamente, parafrasear a continuación:“Somos como bloques de piedra que el Escultor (Dios) va modelando hasta lograr que su forma sea totalmente humana (o cristiana, diría yo). Los golpes de su cincel que tanto nos hieren o nos duelen, también nos van haciendo perfectos.”


6. Podrías realizar un comentario personal a las frases:


El sufrimiento de Cristo me libera de mi propio sufrimiento


Cristo me ha librado de la esclavitud del pecado, y del sentimiento de culpa al perdonarme todos los pecados pasados, presentes y futuros. Me ha dado la paz espiritual al confiar que he sido declarado justo ante Dios por su sangre y sufrimiento en su muerte en la cruz. Me ha convertido en una nueva criatura. Ahora debo crecer en Cristo y morir totalmente al yo, al hombre viejo. Me da la vida eterna, por tanto me libera del sufrimiento de la muerte como paga del pecado. Aunque nadie está exento de todo tipo de sufrimiento, el que nos corresponda, se debe asumir con fe creyendo que redundará, a la larga, en bien, por la misericordia de Dios.


El sufrimiento de Cristo transfigura y da sentido a mi propio sufrimiento


El sufrimiento de Cristo me enseña que el pecado es la causa del mismo, porque si el sufrió tanto fue porque llevó en la cruz la carga de nuestros pecados. En cierto modo da sentido a mi sufrimiento, porque me aclara el origen del mismo.


Cristo me acompaña en mis sufrimientos y los comparte


Sí, ciertamente. Cristo nos dio ejemplo de cómo sobrellevar los sufrimientos, permaneciendo obediente al Padre hasta el último momento. “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; 9 y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen.” (Hebreos 5:8,9)


Sólo el Dios sufriente puede ayudar (D. Bonhoeffer)


Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.” (Hebreos 4:15; ver también 2:18)


Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos.” (Hebreos 2:10)


Dios no sólo nos comprende sino que también es poderoso para ayudarnos si fuera su voluntad.


7. La autora dice que el sufrimiento es un misterio, pero si leemos Génesis 3 y Apocalipsis 21, parece que la Biblia da una respuesta más directa ¿qué destacarías de ella?


En mi opinión, el misterio está, en primer lugar, en lo inexplicable que resulta para la mente humana imaginar que un ángel de luz como Lucifer, criatura creada por Dios, conviviendo con Dios en el cielo, experimentase en su corazón el deseo de ser como su Creador (Isaías 14:12-15; Ezequiel 28:12-19), y llegase a encabezar una rebelión en el cielo, arrastrando a una tercera parte de los ángeles en su caída (Apocalipsis 12:4).


En segundo lugar, si el surgimiento del mal en el cielo nos resulta inimaginable, incomprensible y tremendamente misterioso, algo similar nos sucede con la caída de Adán y Eva, cediendo a la tentación de comer del único árbol del que no debían hacerlo so pena de muerte espiritual y física. Aunque el misterio subsiste, ahora nuestra sorpresa se amortigua, porque si la primera semilla del pecado se formó en el cielo, no nos extraña tanto que también se extendiese al planeta tierra.


El problema del mal y del sufrimiento se resuelve mejor en el marco de la existencia de Dios y mediante el conocimiento de la información revelada por Dios en la Biblia. El sentido inexplicable del sufrimiento en la visión atea y profana del mundo, deja de serlo para el cristiano, pues es contemplado como una consecuencia natural y lógica del pecado del hombre. El auténtico mal es el pecado y de él dimana todo sufrimiento.


Dios, como no puede ser de otra forma, no fue sorprendido por el nacimiento del mal en el universo, sino que lo permitió para que fuera conocida la verdadera naturaleza del mismo, y las consecuencias que se producirían cuando las criaturas se rebelasen y separasen de su Creador, poniendo en duda su infinita sabiduría, misericordia y bondad. Una vez que se ha hecho evidente, la perversidad de las criaturas que se rebelan contra su gobierno, Dios, ha demostrado su amor y misericordia al universo entero cuando vino al mundo en la persona de su Hijo, El Cristo, quien, despojado de su gloria, se humilló al máximo, hasta la muerte en la cruz por nosotros.


Una vez que el magnifico plan de salvación de Dios sea culminado, se habrá convertido la entrada del mal en gloria para Dios. El mal será extirpado del universo para siempre y ya no existirá más. Todos los que acepten al Salvador, compartirán su gloria por la eternidad. “...Dios morará con ellos..., y “(4) Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:3, 4).


8. A qué tipos de sufrimiento deberíamos responder con actitudes de:

paciencia

resignación

lucha

compasión


Primero de todo, necesitamos saber si nos referimos al sufrimiento en primera persona o por el contrario se trata del sufrimiento de terceras personas. O sea una cosa es nuestra actitud ante el sufrimiento de los demás, incluyendo personas cercanas y lejanas, y otra muy distinta es nuestra respuesta al sufrimiento que afecta directamente a nuestra persona, ya sea por padecer enfermedades, ciertas discapacidades, disfunciones de procesos vitales del cuerpo, etc. o bien sufrimiento psíquico por soledad, falta de amigos, no ser amado por su pareja, muerte de familiares cercanos o amigos, etc.


La paciencia es un buen comodín para toda clase de sufrimientos, pues nos puede ayudar a sobrellevar tanto los nuestros como los de los otros, especialmente cuando tenemos que convivir con personas con escasa salud con diferentes enfermedades crónicas o discapacidades.


Ante la muerte de seres queridos, o enfermedades incurables crónicas de uno mismo, serían adecuadas la resignación mezclada siempre con la fe y la virtud de la esperanza en las promesas y poder de Dios de resucitar a los muertos y de sanar las enfermedades.


Si nos enfrentamos a una enfermedad incurable o de difícil tratamiento como el cáncer es necesario espíritu de lucha, no dejarse acobardar jamás. Igualmente si nos enfrentamos a una depresión, etc. Siempre deberíamos evitar sentir compasión de nosotros mismos.


En cualquier caso de sufrimiento, ya sea nuestro o de los demás, el mejor bálsamo, la mejor medicina es el amor y la paciencia. La mejor respuesta ante el sufrimiento de los demás es demostrar empatía, identificarse con sus sentimientos y sufrimientos. Tratar siempre de comprender, y sobre todo amar siempre al otro.


Conclusión.


Hemos comprobado que Dios no nos ha abandonado a nuestra suerte, sino que Él mantiene el control de este mundo. Él ha intervenido en este planeta, desde el primer momento de su creación, se ha revelado a sí mismo, por su Hijo Jesucristo, y sigue llamándonos a hacer su voluntad mediante su Palabra, la Biblia. El problema del sufrimiento tiene explicación ante la luz de su Revelación. Las causas del sufrimiento son múltiples, pero el origen del mismo fue el pecado del hombre. Dios ha establecido un Plan para redimir o rescatar a la humanidad doliente mediante la vida, muerte y resurrección de Cristo (Véase Apocalipsis 7:9-17).


4. Cómo acompañar al doliente” es el título de la cuarta y última sesión de este ciclo (Dios y nuestro sufrimiento: de Job a C.S. Lewis), y trata de enfocar de una manera práctica el problema del sufrimiento. En el siguiente artículo, con el citado título, intentaremos también presentar nuestro punto de vista como en los anteriores ensayos de este ciclo.




Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosorts@gmail.com


4. Cómo acompañar al doliente


(Dios y nuestro sufrimiento: De Job a C.S. Lewis)


Carlos Aracil Orts


Versión 02-12-07


Mis respuestas bíblicas a las cuestiones planteadas sobre el problema del sufrimiento en las sesiones organizadas por las iglesias Evangélica española, Episcopal Reformada Española y Primera Iglesia Evangélica Bautista.



Introducción.


Anteriormente abordamos “3. La adecuada respuesta de Dios”. Con este último artículo terminamos este ciclo, tratando de aprender a solidarizarnos y ayudar a los que sufren. A ser más capaces de ponernos en su “piel”, es decir, comprenderlos mejor, e intentar ser empáticos.


Es nuestro deseo no cometer los errores de los amigos de Job. Ojalá nadie, al que hemos ido a consolar, nos diga como Job manifestó a sus pretendidos amigos: “(2)..Consoladores molestos sois todos vosotros. (3) ¿Tendrán fin las palabras vacías?” (Job 16:2,3; Véase todo el capítulo 16).

1)¿Qué te sugiere la palabra duelo?


En primer lugar, pienso en un sentimiento de aflicción, desconsuelo y pena. En segundo lugar, puede ser, la manifestación de nuestro sentimiento de solidaridad a la persona o personas que sufren por la muerte de algún pariente o persona que amaban. En tercer lugar, también se identifica con la reunión de asistentes a los diversos actos con motivo de un funeral, en casa del finado, en la casa mortuoria, o en la conducción del cadáver al cementerio.


Nuestra solidaridad con los dolientes no debe limitarse ni circunscribirse a los familiares que han experimentado el fallecimiento de un ser querido, sino que intentaremos consolar también a las personas que sufren porque están o se sienten solas, que tienen falta de cariño, o pasan por una enfermedad depresiva, de las que tanto abundan en nuestra desarrollada sociedad actual. Hay mucha gente que sufre por pérdida de la salud, diversos tipos de enfermedades crónicas, personas con varios grados de minusvalías e incapacidades, etc. etc.

2) ¿Apunta rápidamente cuáles son las frases que más se utilizan en un funeral para consolar a los familiares. Compara después tu lista con los demás del grupo.

Se me ocurren las siguientes:

Le acompaño en el sentimiento”. “Siento su dolor”. “El Señor lo tenga en su gloria”. “Era una buena persona”.

De mis compañeros de grupo destaco algunas de ellas: “Ha dejado de sufrir”. “Era la voluntad de Dios”


Somos conscientes que estas frases son sólo un mero formulismo que más que consolar pretenden cumplir un compromiso social de mostrar nuestra solidaridad a los familiares por la muerte de su ser querido. Dependiendo del momento y del grado de cercanía y amistad con el fallecido y los familiares, nuestra expresión de condolencia deberá ser distinta. A veces, puede ser preferible no decir nada verbalmente, y mostrar nuestro afecto y cariño, mediante, por ejemplo, un abrazo.


3) Comparte en el grupo la situación más difícil en la que has tenido que consolar a alguien. ¿Qué sensaciones tuviste? ¿Cómo reaccionó la persona?

Con sinceridad, aparte de que no recuerdo haberme encontrado con muchos casos en los que se requiriese o fuese imprescindible mi intervención, he de reconocer que hasta ahora no he estado muy capacitado para consolar a nadie. Creo que esta tarea no es nada fácil y requiere una buena preparación psíquica y ciertas cualidades y condiciones personales que no todos poseemos.


Mi querida madre, fue la persona que más veces encontré desconsolada y sufriendo mucho por todo y por todos nosotros. Siempre me sentí desbordado por la tristeza que me producía verla en ese estado, y por la impotencia e incapacidad de ayudarla.


Ahora, estoy convencido que la persona puede consolar, con ciertas probabilidades de éxito, cuando posee unas determinadas condiciones en su personalidad que son las que le permiten o le facilitan hacerlo. Bajo mi punto de vista, lo fundamental es tener en el corazón y en la mente el amor de Dios (Véase Ezequiel 36:26,27, 1ª Corintios 13). Es necesario, pues, tener un corazón sensible al sufrimiento, y ser capaz de expresar amor y comprensión por los que sufren.


Por lo demás, cuanto más hayamos experimentado el sufrimiento propio y el del prójimo más cercano y tengamos un buen equilibrio emocional y madurez, más capaces seremos de aproximarnos al afligido y sufriente para que sea provechoso el esfuerzo y la dedicación al mismo. Puesto que las personas que sufren atraviesan por diversas fases emocionales en distintas etapas de sus vidas, es también necesario que sepamos distinguir en que fase emocional se encuentra la persona a la que tratamos de dar apoyo y ayuda, y que actuemos en consecuencia a ese estado que va cambiando con el tiempo transcurrido desde que se experimenta la desgracia, la enfermedad o la muerte de un ser querido.


4) Menciona varias razones por las cuales crees que somos tan mirados a la hora de quejarnos a Dios por lo que nos está sucediendo.

Es natural que un primer momento y hasta que asimilemos una nueva situación de dolor y sufrimiento que no esperábamos tengamos sentimientos y emociones encontradas, y a veces de rebeldía a Dios. Tanto David en los Salmos como Job expresaron a Dios aquellas cosas que no comprendían, pero siempre con la humildad que corresponde a la finitud de la criatura ante el Creador, y la aceptación a los designios de Dios que proviene de la fe. Podemos atravesar a lo largo de la vida por terribles circunstancias que justificarían esta reacción de queja o de inquirir a Dios ¿Por qué me ha sucedido esto?. Hasta Jesús, cuando pendía de la cruz, en sus últimos instantes, experimentó, añadido a todo su dolor físico, el terrible sufrimiento moral que significó ser separado del Padre al haber cargado sobre sí los pecados de todos nosotros. Él no pudo menos que exclamar: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? (Mateo 27:46; Marcos 15:34).


Si algún resentimiento o rencor abrigamos contra Dios por el mal que nos haya podido afectar, con oración, y lo más pronto posible debemos rogar a Dios para que nos consuele y nos ayude, primeramente a desterrar todo sentimiento negativo hacia Dios o el prójimo, y en segundo lugar, para que nos dé el oportuno consuelo, confiando siempre en Él que es galardonador de los que le buscan y le aman (Hebreos 11:6; 10:35; Apoc. 22:12; Rom. 8:28).


A continuación, enumero algunas razones que se me ocurren por las que no deberíamos estar resentidos contra Dios, ni permanecer sin la necesaria comunión y relación con Él:

  1. Por que Dios nos ama: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8; véase además Juan 3:16).

  2. Porque Dios es justo, y no es el autor del mal y del pecado, por tanto no es culpable. Nosotros somos culpables y responsables de nuestros actos.

  3. Porque muchas veces recogemos lo que sembramos. Por tanto, somos responsables de lo que nos ocurre. (Gálatas 6:7: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”; Véase además: Prov. 22:8; Oseas 8:7;10:12; 2ª Cor. 9:6)

  4. Porque el cristianismo nos enseña a asumir y aprender del sufrimiento. De nada sirve quejarse. Hay que enfrentarse al mismo con soluciones y remedios si los hay, en caso contrario hay que aceptar y tratar de ver siempre la parte positiva y pensar que Dios, infinitamente misericordioso y sabio, cuando permite algo, es para nuestro bien, o es lo menos malo que podía ocurrirnos (Romanos 8:28).


5) ¿Por qué crees que nos cuesta tanto solidarizarnos con el dolor ajeno?


Existen muchos motivos y factores que dificultan que seamos solidarios con el dolor ajeno. Algunas causas posibles son las siguientes:


  • Porque aún no hayamos asumido o aceptado nuestro propio dolor y sufrimiento.

  • Porque el enfrentarse con el dolor ajeno, requiere que seamos fuertes, que tengamos resistencia y reservas. Es decir, que el conjunto de emociones positivas experimentadas en la vida de uno dé superávit con respecto al bagaje de sentimientos negativos vividos.

  • Las personas que se han desarrollado y vivido durante largo tiempo en ambientes opresivos de falta de cariño no disponen en su psique de las suficientes reservas emocionales positivas. Esto es, especialmente, notable en la gente que no ha tenido una infancia y adolescencia feliz.

Otras probables razones son:


  • Por nuestro natural egoísmo.

  • Porque aún no hemos experimentado el amor de Dios en nuestros corazones, o no se ha tenido una verdadera conversión del “viejo hombre” o natural y hecho nueva criatura en Cristo Jesús.

  • Por nuestra falta de madurez.

  • Por la dureza de nuestro corazón.

  • Por la falta de amor.

  • Porque no nos afecta directamente.

  • Por no tener la cualidad de la empatía.

  • Por miedo o por ignorancia.


6) La pregunta: ¿Por qué no a mí?, ¿crees que es oportuna o inoportuna? Justifica la respuesta.


En una primera impresión nos parecía que la pregunta debería ser ¿Por qué a mí? Porque uno no suele preguntarse por qué no le ha sucedido tal cosa o no le ha tocado pasar tal enfermedad o desgracia. Sin embargo, lo contrario, si es frecuente.


En mi opinión, plantearse la pregunta de esta forma: ¿Por qué no a mí? No nos va aclarar nada. Pongamos algunos ejemplos. De que sirve preguntarse ¿Por qué no he tenido ningún hijo subnormal o con una malformación o incapacidad física o psíquica? ¿Por qué no he adquirido la enfermedad del SIDA u otra enfermedad terminal? ¿Por qué a mí no se me ha muerto ningún hijo? ¿Por qué no he nacido en otro país subdesarrollado? ¿Por qué no soy de raza blanca y no negra? Etc. etc.


Es como preguntarse ¿Por qué unos se salvan y otros se pierden? ¿Por qué unos creen en Dios y obedecen el evangelio y otros no? ¿Por qué la vida es más agradable o aparentemente fácil para unos que para otros? ¿Por qué no soy rico o guapo o más feliz? ¿Por qué no me he convertido en un indigente?


Creo, por tanto, que la pregunta no suele ser oportuna, no obstante, si nos la hacemos en algún momento de nuestra vida, debe servir para acto seguido mostrar nuestro agradecimiento y alabanza a Dios, y sentimiento de amor y solidaridad con los que les ha tocado peor “suerte”.


Ciertamente, hay muchas circunstancias que no están bajo nuestro control: No elegimos nacer, ni a nuestros padres, ni el país de procedencia, ni nuestra raza, etc. etc. Nacemos, unos ricos y otros pobres, unos fuertes y otros débiles, unos con más inteligencia y otros con menos. Cada persona tiene unos condicionantes distintos, pero Dios que nos conoce perfectamente da a cada uno lo que necesita y las oportunidades para que puedan elegir y determinar sus vidas por si mismos, mientras la mente esté lo suficientemente capacitada para conducirse como es agradable a Dios.


Pienso, que siempre que nos ocurre algo se debe a alguna causa. Por tanto es sabio preguntarse por qué ha podido suceder, para aprender de nuestros errores o de la experiencia de otras personas. Pero si no tenemos respuesta, lo mejor es asumir el hecho doloroso, pidiendo a Dios consuelo y fortaleza.

7) ¿Es cierto que el dolor nos iguala a todos? Justifica la respuesta.


En cierto modo nos iguala, en el sentido que todos sufrimos más o menos a lo largo de la nuestra vida, y nadie se escapa del mismo. Sin embargo, el sufrimiento de cada cual es diferente en cantidad, calidad o intensidad, y no todos son capaces de encajarlo de la misma manera, o de una forma positiva. Lo que más nos iguala es la muerte, pero no todos sufren lo mismo para morirse. A algunos les “cuesta” más morirse, es decir, pasan más tiempo padeciendo hasta que les llega la hora.


8) Si comparamos la sociología del duelo de hace tan sólo 30 años con la actual. ¿En que aspectos crees que hemos mejorado y en cuáles hemos perdido?


Al igual que ha ocurrido con las relaciones humanas, el acompañamiento en los duelos se ha convertido en un mero formulismo carente de cualquier auténtico sentimiento de solidaridad. Algo deshumanizado debido a que la sociedad posmoderna vive de forma más individualista, y dispone de menos tiempo libre.


Me llama la atención como han ido desapareciendo aquellos signos externos que los familiares del fallecido se colocaban en sus vestidos para mostrar, precisamente, su duelo. Recuerdo que los parientes más próximos del fallecido se vestían totalmente de negro, de los pies hasta el cuello, incluso la camisa, sus botones y la corbata. Además era una norma mantenerse sin asistir a fiestas y espectáculos durante mucho tiempo, pues de lo contrario se interpretaba como falta de verdadero dolor por la muerte del pariente. Cuando pasaba cierto tiempo, los vestidos negros, se sustituían por grises o por los habituales, pero dejando aún alguna señal del duelo como, por ejemplo una banda de tela negra en la manga de la chaqueta o camisa, la corbata negra, etc. La muerte parece que se ha frivolizado un tanto.


No creo que sea necesario demostrar nuestro duelo con signos externos como se hacia antiguamente. Tampoco veo preciso dramatizar todavía más el evento de la muerte. En mi opinión, hay que considerar la muerte como lo que es, un hecho natural, cuando se produce en edades avanzadas, cuando se es viejo, o se está muy incapacitado, se tiene una enfermedad terminal, etc,. Otra cosa es cuando la muerte se produce en personas jóvenes o niños, por enfermedades irreversibles, accidentes o acciones violentas, etc. entonces duele más. En cualquier caso es un hecho doloroso para todos los allegados al fallecido, y merecen nuestro respeto y solidaridad todos ellos. El versículo más corto de la Biblia que está en Juan 11:35 se nos dice que “Jesús lloró.” ante el dolor de los familiares de Lázaro al que iba Jesús a resucitar a continuación. Es un síntoma de nuestra “humanidad”, de que tenemos un corazón capaz de compadecerse del dolor y aflicción de los demás. El gran apóstol Pablo nos exhorta a: “Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran.” (Romanos 12:15).


Los cristianos debemos afrontar el hecho inevitable de la muerte con la esperanza gloriosa y el consuelo de la resurrección de los muertos cuando aparezca Nuestro Señor Jesús para rescatarnos desde el cielo (Juan 3:36; 5:24, 28, 29; 11:23-44;1ª Tesalonicenses 4:13-18; 1ª Corintios 15; en especial 15:51-57).



9) Soy una persona sencilla, sin muchos estudios. ¿Qué consejos me darías para ayudar a una amiga que ha perdido a un hermano joven de un cáncer?


Dependiendo de la fase emocional que esté atravesando esa persona, actuaremos de una forma o de otra. Como norma general, sería importante visitarla y hablar con ella palabras de aliento y ánimo, si la persona a consolar está en condiciones psíquicas adecuadas para ello. En cualquier caso podemos mostrar nuestro cariño y aprecio a esa persona para ayudarla a sobrellevar el sufrimiento.


Nuestra actitud concreta, como ya hemos dicho dependerá de su situación emocional. Puede consistir desde, simplemente, permanecer en silencio con gesto afectuoso y empático, pasando por palabras de consuelo, hasta apoyarla y ayudarla en las tareas que ella, por su aflicción y circunstancias, se vea incapacitada de realizar.


Desde un punto de vista pragmático, reconocemos que cuando una enfermedad no tiene curación, nos incapacita para valernos por nosotros mismos, se sufre mucho, es necesario el uso de muchos medios químicos y físicos para mantener a la persona con vida, y su estado es verdaderamente deplorable, lo mejor sería morirse, pues así deja de sufrir, y los familiares más cercanos también alivian su dolor moral al verla postrada y sufriendo. No obstante, este de alivio que representa la muerte en muchas ocasiones no está en nuestros manos, pues la vida es de Dios. En mi opinión sería partidario, de no mantener la vida con medios artificiales, para que no se prolongue el sufrimiento inútilmente.


Especialmente si la persona es creyente, podría ser adecuado hacer una oración con ella, para pedir consuelo y dirección de Dios. En cualquier caso, puede ser una buena ocasión para hablar de las buenas nuevas de salvación, el evangelio de nuestro Señor Jesús: la maravillosa esperanza cristiana de la resurrección cuando el Señor Jesús venga por segunda vez a este planeta a rescatarnos.


10) Tenemos un caso en la iglesia de una hermana de 75 años que acaba de perder a su marido. No tiene familia. ¿Cómo podríamos ayudarla como iglesia en todo este proceso de duelo? Apunta diferentes cuestiones que sean prácticas, posibles y evaluables.


  • Visitándola en su domicilio frecuentemente, por personas piadosas y comprensivas que se interesen por su estado físico y anímico, y por cualquier cosa que pueda necesitar o echar de menos.

  • Invitándola a pasar un fin de semana en casa de algunos hermanos.

  • Acompañarla para que dé paseos por la ciudad o el campo y que se distraiga como más le guste.

  • Ayudarla en las tareas del hogar.

  • Estudiar la Biblia y orar con ella de forma habitual, etc. etc.



Conclusión


Con el presente artículo concluimos el ciclo de “Dios y nuestro sufrimiento: de Job a C.S. Lewis”. Iniciamos el mismo con una breve reseña de la película “Tierras de Penumbra” con la que aprendimos de la vida del citado famoso escritor cristiano. En primer lugar, de su etapa de conferenciante cuyo tema central era encontrar la razón de ser del sufrimiento, y en segundo lugar, del periodo posterior cuando Lewis conoce a su futura esposa Joy, con la que experimenta, el amor y, también, el sufrimiento por su enfermedad incurable que padeció.


En el segundo artículo descubrimos cuáles eran las equivocadas respuestas humanas al sufrimiento. Al que le siguió “La adecuada respuesta de Dios”.


Este ensayo, de “Cómo acompañar al doliente”, finaliza estas sesiones, que esperamos humildemente hayan aportado algún aspecto positivo a un problema tan difícil y complejo, del que se hace necesario seguir estudiando y meditando, y tratar de experimentarlo con amor, de forma práctica, al tiempo que tratamos de crecer en sabiduría, comprensión y amor, con la ayuda de Dios.


El duelo, que todos atravesamos en algún momento de nuestras vidas, es necesario y debemos afrontarlo con entereza, comprensión, respeto y amor. Para ello, debemos aprender a conocer el estado emocional y la situación de cada persona que sufre, y actuar siempre con sensibilidad, tacto y empatía.


Agradecemos a las Iglesias organizadoras, Evangélica española, Episcopal Reformada española y Primera Iglesia evangélica Bautista, la iniciativa que han tenido, y la oportunidad que nos han dado para afrontar un tema tan importante como el sufrimiento que nos afecta a todos, y que el cristianismo tiene mucho que aportar al mismo.





Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosorts@gmail.com